CASTRO (La Opinión de Chiloé) — Un preocupante, complejo y hasta escandaloso incidente se está discutiendo de manera diversa ante la justicia durante estos días, luego que una médico especialista en anestesiología de nacionalidad venezolana decidiera alegar que el Servicio de Salud Chiloé y/o el Hospital Dr. Augusto Riffart de Castro habrían pretendido removerla de sus funciones y/o supuestamente bloquearla de forma indefinida de algún concurso público para acceder a cargos, exponiendo ella misma una delicada situación que, de forma sorpresiva, se ha mantenido en secreto ante la opinión pública hasta el día de hoy.
De acuerdo a antecedentes reservados de orden administrativo que tuvo a la vista La Opinión de Chiloé, si bien la aludida asegura que todo se remitiría a un sumario administrativo que presuntamente está inconcluso y donde se le habrían imputado cargos por supuestas malas prácticas mientras estaba de turno (en funciones) en el hospital, lo cierto es que se trataría de un proceso administrativo, específicamente una investigación sumaria (que es distinto a un sumario administrativo), que fue ordenada por el Hospital de la capital provincial a fin de indagar hechos delicados que ocurrieron en un turno nocturno del Servicio de Pabellón donde ella fue la protagonista, y que habrían quedado al descubierto en medio de la atención a una paciente que requería cesárea.
En particular, según testigos presenciales y de oídas, los hechos se remontan al 29 de marzo de 2024 durante el turno de noche del Servicio de Pabellón del Hospital de Castro, cuando una enfermera se habría percatado que la médico anestesióloga de turno mantendría una conducta errática, «que oscila por momentos de hiperactividad y períodos de somnolencia, de magnitud que llama la atención a simple vista», expresando que cuando llegó la paciente y le fue a avisar, la encontró profundamente dormida espetando que «la moví, la azoté y reaccionó como ida y me dijo balbuceando que tuvo un turno muy malo».
Por otro lado, una médico ginecoobstetra de turno también habría declarado que observó algo similar, indicando que cuando trasladaron a su paciente a pabellón, «la anestesista se encontraba durmiendo en la residencia, la desperté y me contestó evidentemente disártrica (hablando lento, arrastrando las palabras), por lo que le pregunté si estaba bien, si estaba con algún problema médico ya que era notoria su alteración del habla, y me indicó que solo era por que estaba despertando, ya que había trabajado todo el día y tenía sueño».
Después, ya en pabellón, y a pesar que la anestesióloga estaba al lado de la ginecoobstetra, le pregunta a la enfermera dónde estaba, instancia donde la ginecoobstetra decidió preguntarle directamente «si verdaderamente estaba en condiciones de prestar la anestesia», recibiendo como respuesta que tenía sueño, aumentando la preocupación del equipo de pabellón.
Fue ahí que se habría generado un primer problema visible y que podría haber afectado a la futura mamá que estaba esperando que se le practicara cesárea, ya que según una testigo, la aludida «da la anestesia rápidamente, sin lavarse las manos y a tres cuartos de la cirugía se retiró de pabellón señalando que iría a entregar una anestesia epidural”. Lo de la eventual confusión fue corroborado por otra testigo al afirmar que «cuando llegó a dar anestesia llegó mal, de hecho no conoció a la ginecóloga, me preguntó dónde está la ginecóloga a pesar de que ella estaba al frente suyo».
Terminada la cesárea, una enfermera decidió acercarse a un cirujano de turno para relatar su preocupación por el comportamiento de la anestesióloga, en especial porque se estaba a la espera de ingresar a pabellón a otro paciente crítico. El testigo declaró sobre este punto que «primero estaba difícil de ubicar, y yo le escribo, la llamo y no hay respuesta, decidí que vamos a esperar un momento, cuando aparece la enfermera y me comenta que la anestesista está con actitud extraña».
Si bien la cesárea precitada habría culminado con éxito y sin complicaciones —o al menos eso dijeron desde el equipo de pabellón—, testigos son contestes en afirmar que la anestesióloga implicada no habría guardado las normas de asepsia y antisepsia, con el consecuente riesgo para la paciente de adquirir alguna infección intrahospitalaria. «La percibí rara, un poco mareada, con poca precisión para los procedimientos cotidianos de pabellón», dijo uno.
Así las cosas, el tema escaló y se procedió a informar el médico jefe del Servicio, quien dispuso la concurrencia al hospital de otra anestesióloga —que estaba en su casa descansando— para discutir los pasos a seguir, decidiendo ingresar a la sala de estar de los anestesiólogos, ubicada en el mismo pabellón, encontrándose con la aludida «sentada, dormida, con el peso del cuerpo hacia adelante».
Según lo descrito por la anestesióloga recién llegada, su colega estaba «en un sofá con la cabeza colgando, con las mangas de su sweater hacia arriba y su otra mano dentro de una de sus mangas, reviso y me cercioro que estaba respirando, y que se encontraba sólo dormida. La agito, la llamo por su nombre y trata de abrir sus ojos e intenta reaccionar, señalándome que tenía mucho dolor por un problema en su columna, pero no estaba del todo consiente».
Añadió que «luego al colocarme frente de ella, me doy cuenta que tenía una jeringa en su brazo, le pedí que se la sacara, por lo que procede a desconectar la jeringa, y veo que se trata de un liquido blanco, por lo que inconfundiblemente se trataba de Propofol, no hay otro fármaco con esa característica», escena que sería descrita de manera similar por varios testigos presenciales, entre médicos y enfermeras, «y todos coinciden que no existiría otro fármaco con las características de aquel que contenía la jeringa, el cual además explicaría el comportamiento que aquella habría manifestado».
Tras ello, se tomaron diversas medidas de emergencia: atender directamente la situación particular de la médico implicada, iniciar un acompañamiento al equipo para dar tranquilidad por lo que estaba pasando, informar a las jefaturas, y activar un protocolo para reemplazo para no descontinuar la actividad quirúrgica que en ese momento, se había detenido temporalmente.
Con estos antecedentes, la dirección del Hospital Dr. Augusto Riffart de Castro instruyó un proceso administrativo, específicamente una investigación sumaria, a través de resolución n.º4133 de fecha 01 de abril de 2024, a fin de indagar respecto del eventual mal uso de fármaco Propofol en el Servicio de Pabellón y sus implicancias, indagatoria que se mantuvo en secreto.
Según el nosocomio de la capital provincial, dicho proceso culminó por resolución n.º4255 del 4 de abril de 2024, documento que tuvo a la vista La Opinión de Chiloé, estableciéndose en el acto administrativo de término que los hechos antes relatados ocurrieron tal y como se indica, y que la jeringa en cuestión «contenía aproximadamente 1 o 2 cc de una sustancia blanca la cual inconfundiblemente se trataría de Propofol, y que aquello explicaría la errática conducta que había mantenido esa tarde-noche».
Se indica además que tras lo ocurrido, se habría intentado en reiteradas ocasiones tomar contacto con la implicada a efecto de conocer su versión de los hechos, sin respuesta telefónica y porque viviría en Quellón (en cuyo Hospital también habría trabajado), mientras que respecto del destino de la jeringa, está se guardó hasta el día siguiente hasta que se decidió desecharla siguiendo el reglamento vigente.
Durante el proceso indagatorio, los testigos presenciales afirmaron que se trataba de Propofol —que podría tener un efecto adictivo al afectar la misma zona cerebral a la que se dirigen los opioides y la cocaína —, el cual no tendría el carácter de medicamento controlado, por lo que en la farmacia del hospital se entrega con receta médica sin perjuicio de encontrarse en los botiquines de los servicios clínicos críticos.
Hay que mencionar que de manera controlada, el Propofol se utiliza como agente inductor —fármaco que provoca la pérdida de conciencia— para anestesia general en cirugías mayores y, en dosis más bajas, también se utiliza para la sedación consciente de pacientes sometidos a procedimientos ambulatorios en centros de cirugía. Sin embargo, existe un alto riesgo a que sea utilizado de manera ilícita como agente recreativo, a veces en conjunto con Fentanilo. Un estudio publicado en Clinical Toxicology (Phila), la revista oficial de la American Academy of Clinical Toxicology (AACT) y la European Association of Poisons Centres and Clinical Toxicologists (EAPCCT), indica que para quien los usa con tal fin tiene un efecto claramente placentero, aunque su mal uso puede derivar en la muerte.
Luego, finalizada la vista fiscal, documento que tuvo a la vista La Opinión de Chiloé, se concluyó que al momento de inicio del proceso de investigación sumaria y a la fecha de cierre de la misma, la anestesióloga ya no mantenía la calidad de funcionaria, por lo que no fue posible notificar cargos ni establecer responsabilidad administrativa respecto de la misma. En efecto, desde el punto de vista contractual, cuando todo ocurrió la referida se encontraba desempeñando funciones cubriendo un turno de reemplazo, terminando su contrato el día 30 de marzo de 2024, por lo que cuando se ordenó la indagatoria ella ya no tenía contrato vigente, ergo, no tenía obligación alguna de presentarse a declarar.
Así quedó asentado en la resolución n.º4255 de fecha 4 de abril de 2024, resolviéndose sobreseer la Investigación Sumaria instruida por resolución n.º4133 de fecha 1 de abril de 2024, en atención a que a la fecha de inicio del proceso sumarial y al término del mismo, la médico anestesióloga implicada no era funcionaria del establecimiento.
Sin perjuicio de ello, y dado la delicado de la temática, se colocó en conocimiento del caso a la SEREMI de Salud de Los Lagos de manera reservada para los fines que en derecho correspondan, considerando que la resolución que la habilitaba para trabajar emanaba de dicho organismo, y habría sido dictada para ejercer —aparentemente— como médico en el Hospital de Castro.
Así las cosas, todo se cerró y quedó en el tácito olvido hasta que la involucrada decidiera, hace algunas semanas, exponer lo ocurrido al recurrir en protección alegando que habría sufrido una sanción administrativa encubierta ajena a las descritas en el estatuto Administrativo, ya que dice que presuntamente fue removida del Hospital de Castro y bloqueada para trabajar ahí, algo que como se viene diciendo el nosocomio niega reiterando que ella estaba en calidad temporal y como reemplazo puntual.
Sobre lo ocurrido el día en comento, La Opinión de Chiloé intentó verificar con fuentes independientes si desde el recinto de salud castreño se realizó o no alguna denuncia ante las policías o Fiscalía, ya que el desvío, robo o uso fuera del ámbito médico de Propofol podría constituir un delito; la respuesta sería un rotundo no, aunque se debe mencionar que de existir algún ilícito, aún no prescribe.

Be the first to comment