El legado de la icónica Rosario Hueicha a 93 años de su natalicio

“Yo me llamo Rosario Hueicha y soy Rosario Hueicha”, así inició muchas veces sus presentaciones esta artesana, folclorista, compositora, recopiladora y cantante chilota de origen huilliche que nació en la remota isla Caguach, Chiloé, el 10 de octubre de 1923. Es sin dudas uno de los nombres más relevantes dentro de los anales del folclor chileno y del patrimonio inmaterial de Chiloé, y una mujer adelantada a su tiempo en cuanto a desapego de las normas tradicionales y los convencionalismos sociales de su época.

Hija de doña Amelia Leviñanco Hunquil y don Juan Bautista Hueicha, vivió sus primeros años en la ínsula hasta que a fines de la década de 1930 sus padres deciden instalarse en el naciente Río Negro-Hornopirén (hoy Hornopirén) donde permanecieron junto a sus 8 hermanos hasta la muerte de don Juan. Viuda, su madre retorna con Rosario y sus hermanos a Caguach donde retoma la vida insular.

Ahí, una adolescente Rosario se une a la Cofradía Hijas de María adscrita a la Iglesia Patrimonio de la Humanidad intercambiando sus labores como campesina y feligresa. Prontamente se convirtió en madre soltera al nacer Blanca Ester, que en una sociedad altamente religiosa y conservadora sería un escándalo, le siguió Domingo y luego Carlos, nacimiento que la obligó a escapar del lugar por el rechazo generalizado de los residentes. Quedarían los dos primeros a cargo de doña Amelia mientras Rosario se establecía en isla Quenac.

Posteriormente se traslada a Dalcahue donde trabaja como lavandera, en labores campesinas y como asesora del hogar. En esa comuna nace su cuarto hijo, Luis Ernesto, para tiempo después trasladarse a vivir a Achao; en ese pequeño pueblo se reúne con Blanca Ester que había dejado en Caguach, mientras que Domingo se quedó al alero de su padre. Tras el catastrófico terremoto y maremoto de 1960, recibe ayuda del Estado y logra tener su casa propia en la población Abraham Lincoln, lugar emblemático donde se organizó un Centro de Madres para el rescate del trabajo tradicional en lana que llevó a sus participantes a recorrer varias ferias artesanales en Chiloé y fuera de la Provincia.

Es en esos espacios donde Rosario Hueicha comienza a alzarse como cantora popular, participando en distintos encuentros folclóricos, peñas y en la radio, que complementaba con el trabajo de la lana, venta de empanadas y milcaos, fabricación de canastos, mariscando, labores campesinas y lavando ropa de otros, para el sustento de sus hijos. Gran influencia en su veta artística tuvo sobre ella su profesora Mercedes Rosa Navarro (con quien cantaba usando una vitrola), su tío Valeriano Leviñanco, quien era guitarrista y cultor popular, y su propio padre, fuente innegable de historias, leyendas y cuentos chilotes:

“(…) mi padre, que fue marino de veleros de aquella época aprendió en sus viajes muchas cosas que las vertió en música y cuentos: ‘El marinero Pulido’, un vals que anda grabado en un disco por ahí, ‘El pajarillo errante’, una canción de consejos. Otras canciones que se cantan en el carneo de chanchos o en los destronques, con instrumentos como la lita, la guitarra o la charasca. O lo que se interpreta en las mingas, tradiciones que aún mantenemos en nuestra tierra”.

Antes de 1970 su hija Blanca Ester desaparece cuando, con 16 años, se fue a trabajar de empleada doméstica y nunca más se supo de ella; en una entrevista Rosario señaló que la había mandado con Alejandro Rosas y Milagros Cárdenas, profesores y amigos que tras la desaparición, nunca más dieron razón de ella. Paradójicamente, al salir en su búsqueda por varias localidades participa en distintos programas radiales donde, tras relatar su historia, interpretaba algunas canciones, entre ellas “El pajarillo errante”, melancólico tema que refería a su hija perdida y que aparecería décadas después en el disco “Del canto y la tradición Vol II” de 1990.

En una de sus tantas entrevistas Rosario Hueicha decía: “yo he entregado todos estos conocimientos que tengo sólo por amor al arte, quiero abrir una senda y tener amigos en todas partes a donde suelo viajar con mis tejidos y telares chilotes”.

En sus presentaciones la acompañaban con la guitarra sus hijos Carlos y Víctor Hugo, formando luego el grupo folclórico Quegnún con varios vecinos, considerado uno de los primeros en su tipo de la comuna de Quinchao. Posteriormente inicia una carrera solista acompañada por Víctor Hugo Leviñanco, el menor, con quien además grabó los únicos tres discos que se conservan, todos en parte gracias al productor Ronnie Medel de Sony Music, quien la apoyó para registrar cuecas, tonadas, valses, corridos y marchas, entre otros.

Falleció, con 77 años, alrededor de las 16.00 horas del martes 4 de julio de 2000 en el Hospital de Achao aquejada de una afección cardíaca.

Legado

La Biblioteca Pública n.°210 de Achao “Darío Salas” tiene entre sus pertenencias el Archivo Rosario Hueicha, que contiene una serie de documentos, fotografías, cientos de notas de prensa que le pertenecieron o que hablan sobre ella, incluyendo además registros audiovisuales y radiales, aunque desafortunadamente aún no han sido digitalizados para que sean de público conocimiento de la población en Chiloé.

Para la Doctora en Ciencias Humanas Alejandra Leal Ladrón de Guevara:

“(…) no existen registros personales de su escritura, sino de audios que exhiben un hecho revelador de la identidad de un pueblo, el chilote (…). Rosario Hueicha actualiza la música de sus antepasados a través del ritmo en el ejercicio de la oralidad, hecho también facilitado por su privilegiada memoria. Es cierto que la cultora completa esta apreciación en su carácter huilliche y chilote, ya sea en el ritmo de las cuecas, los valses y en especial en los temas lúdicos que refieren una sintaxis particular y visiblemente facilitadora de la actualización de los temas mismos. (…) La cultora conserva este referente como una herencia ganada por la experiencia desde su infancia y más tarde compartida y actualizada en la música y los relatos: fieles representaciones de la identidad de esta comunidad”.

Dibujo: Danilo Sepúlveda.

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